La tecnología ofrece cada vez más oportunidades para la difusión científica
La pandemia de covid-19 demandó nuevos desafíos para continuar con las actividades educativas y laborales. Las políticas de confinamiento y de cierre de espacios públicos impuestas por razones de salud pusieron en jaque la continuidad de nuestras labores profesionales. El salvavidas para llevar una vida social, laboral, e incluso religiosa y celebrativa fue sin duda el espacio digital que nos brindaban las nuevas redes sociodigitales como fueron Facebook, Instagram, WhatsApp y X (antes Twitter). La experiencia de vivir, actuar, comunicar y trabajar se redujo a nuestra vida frente a una pantalla. Una pantalla que era la posibilidad de asomarnos al mundo exterior, pero que, a diferencia de las pantallas de televisión, invitaban a que cada uno pudiera compartir su espacio interior sin límites. Para ello había que aprender a comunicar digitalmente.
La inmersión digital fue obligatoria para todos. Quisiera compartir la experiencia de la revista Encartes la cual pueden visitar en https://encartes.mx/. Esta revista se especializa en estudios socio-culturales. Su sello es ser multimedia. Es financiada por Ciesas, El Colegio de la Frontera Norte, El Colegio de San Luis y el Departamento de Estudios Socio Culturales del Iteso.
En el año 2015 un grupo de investigadores de Ciesas Occidente emprendimos un proyecto editorial que pretendía diseñar una revista en la cual se pudiera publicar material audiovisual y digital, que de hecho estábamos produciendo pero que quedaba archivado en nuestras computadoras ya que el papel era un soporte limitado. Si bien la mayoría de las revistas había subido sus ediciones en papel a espacios digitales no habían modificado en nada su estructura ni sus estrategias de visibilidad. Entonces nos propusimos idear una revista multimedia que nos permitiera difundir los resultados de investigaciones con sonido, video, mapas interactivos y otros recursos que son parte de los registros y productos analíticos hoy disponibles. También nos planteamos que tenía que poderse leer cómodamente en los distintos dispositivos que van desde una computadora, una tableta y hasta un teléfono celular. De esta iniciativa nació la revista Encartes, que tras seis años de ser publicada, representa hoy una alternativa digital real a las revistas académicas existentes no solo en México sino en Latinoamérica.
Nunca imaginamos los alcances que cobraría el avance del desarrollo tecnológico digital tras vivir la pandemia del covid-19. Tampoco nos imaginábamos enfrentar una revolución socio-digital como la que estamos viviendo actualmente de la mano de la inteligencia artificial. Si bien hay muchos retos por delante, podemos también reconocer que la tecnología digital nos ofrece un gran campo de oportunidades para la difusión científica.
Desafíos y descubrimientos
El primer reto es colocar el conocimiento científico en nuevos soportes de lectura que habitan en lugares muy lejanos a los sitios en donde fueron producidos. Esto lo logramos diseñando una revista accesible tanto en Open Journal System que asegura la gestión editorial y la plataforma de WordPress que es el soporte multimedia e interfásico digital. Por ejemplo, nos habilita a contratar DeepL un traductor de Inteligencia Artificial que convierte los artículos a textos en inglés, francés y portugués, gracias a lo cual Estados Unidos es el segundo país de lectores de la revista.
En segundo lugar, al incluir los lenguajes visual y sonoro se pueden transmitir los hallazgos de investigación con más imaginación, pero a la vez con más rigor. Pero también se va descentrando la lecto-escritura para ver, oír y leer.
En tercer lugar, gracias a las estadísticas de los perfiles de los lectores hemos caído en la cuenta de que estamos siendo un puente generacional entre la generación de 40 y más de lecto-escritores y de 40 y menos de productores audiovisuales.
En cuarto lugar, hemos descubierto la potencialidades pedagógicas que ha significado la apertura a registros mediáticos al ampliar la producción del conocimiento en productos que desbordan el soporte de la hoja de papel. La realidad que estudiamos no es fija sino en movimiento, y por tanto limitarla al papel es fijarla, mientras que los soportes digitales brindan el dinamismo y interconectividad de las interfases.
Nunca imaginamos que al adoptar herramientas técnicas alternativas nos llevaría a emprender nuevas reflexiones y debates epistemológicos sobre nuestro hacer. Quisiéramos enumerar algunos aprendizajes adquiridos en estos seis años:
• Facilitar la expresión de distintas voces y ontologías sin acceso a la escritura y la lectura que incluyen tanto a los pueblos indígenas como a las nuevas culturas juveniles.
• Integrar producciones participativas transdisciplinarias y, por ende, más horizontales, como han sido las convocatorias abiertas a ensayos fotográficos con un mismo tema abordado desde distintos lugares y con distintos lentes.
• Ofrecer formatos de discusión y diálogo, como son las secciones de Coloquios y Discrepancias, para mantener el sentido de grupalidad que requiere el tejido académico y sortear los aislamientos e individualismos autorales.
• Gracias a los algoritmos, algunos de nuestros artículos han conquistado a miles de lectores en distintos lugares del mundo. Cuestión que se potencializó con la digitalización de la revista.
Recientemente los avances de la inteligencia artificial constituyen un enorme desafío para la producción científica, pero sin duda también tendremos que contemplar las nuevas oportunidades que puede brindar
a su difusión.

Reneé de la Torre
Profesora-investigadora, Ciesas Occidente